A LOS QUE DIBUJAN, Y DE ELLO COMEN

A veces me pregunto cómo será la vida de los dibujantes que viven de su oficio.

Desde niño he pensado que la vida de un dibujante de cómics, cartones políticos, tiras cómicas, caricaturas callejeras o ilustraciones es de envidiarse.

"-.La vida es bella y yo la dibujo-"

Como que tan sólo deben de tomar su lápiz, abrir su libreta de dibujos y plasmar sus ideas, realizar una catarsis de sus demonios interiores o anécdotas al borde del olvido y listo; vivir por el resto de la semana sin preocuparse por el pan de cada día.
Mucho menos pensar en nosotros, los que admiramos su arte y envidiamos su vida y su talento.

¿Su vida será así?



Me pregunto si ellos también serán presa fácil de debilidades humanas o tendrán los mismos sentimientos que nosotros los mortales.
"- Era mi sacapuntas favorito.-"
Y si es así, ¿Qué penas los hará  llorar?

¿La muerte de un lápiz que acabó su labor luego de 30 ó 40 bosquejos?, ¿El fin de una libreta que alberga en su interior decenas o tal vez cientos de obras que como un pequeño microcosmo son prueba visual de que el dibujante es un dios en su propio universo?

No lo sé, pero seguro estoy de que sus lágrimas no son las mismas que las de nosotros, los pobres que dibujamos sin vivir de ello.

"-¿Quién ha tocado mi borrador?.-"

¿No vivirán frustraciones o decepcionados estallarán alguna vez recriminándole a la vida sus vaivenes?

¿Sentirán la ira como la sentimos quienes no podemos ser como ellos?

¿Se molestarán si les hacemos al menos una de éstas preguntas?

Porque mucho agradecería que alguno de ellos las pudiera responder.

Porque al menos aquí en México es muy difícil lograrse un lugar con el oficio de dibujante.
Y los que lo logran no comparten el secreto o el consejo de cómo llegaron a formar parte de tan exclusiva élite o raza superior.

Y se convierten en divas, aunque no precisamente con talento.

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